Hay fantasmas que se aparecen en el mundo virtual /
Y ya desaparecen cuando le doy clic a “bloquear”.

Mi mar.

El primer océano que conocí en mi vida fue el Pacífico. Mis abuelos se enamoraron en el golfo. En la Riviera Maya me hubiera gustado perderme, estuve a punto de cambiar mi vida por otra distinta en Playa del Carmen, me enamoré en y del Atlántico del norte de España y después lloré -como no puede ser de otra manera- en el Mediterráneo.

Pero el Pacífico es el mío. El sitio en el que vi por primera vez el mar.

OMG!
¿Servicio? Ser vicio.

¿Servicio? Ser vicio.

Piu Avanti!

No te des por vencido, ni aún vencido,
No te sientas esclavo, ni aún esclavo,
Trémulo de pavor, piénsate bravo,
Y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido,
Que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
No la cobarde intrepidez del pavo
Que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora,
o como Lucifer que nunca reza,
o como el robledal cuya grandeza,
necesita del agua y no la implora…

¡ Qué muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!

(Mi abuelo Benjamín le regaló este poema a mi hermano Antonio cuando este último cumplió 15 años. Los dos ya no están conmigo, pero sé que donde estén deben estarme viendo).

Ha muerto Gelman. Y yo estoy en Michoacán

Y pensé en este poema…

—-


Nota I

Te nombraré veces y veces.
me acostaré con vos noche y día.
Noches y días con vos.
Me ensuciaré cogiendo con tu sombra.
Te mostraré mi rabioso corazón.
Te pisaré loco de furia.
Te mataré los pedacitos.
Te mataré una con Paco.
Otro lo mato con Rodolfo.
Con Haroldo te mato un pedacito más.
Te mataré con mi hijo en la mano.
Y con el hijo de mi hijo muertito.
Voy a venir con Diana y te mataré.
Voy a venir con José y te mataré.
Te voy a matar derrota.
Nunca me faltará un rostro amado
para matarte otra vez.
Vivo o muerto un rostro amado
hasta que mueras
dolida como estás ya lo sé.
Te voy a matar yo
te voy a matar.

El Principito [X]

Visitó los asteroides cercanos para instruirse y buscar una ocupación. En primer lugar se encontró con un rey. El soberano lo identificó inmediatamente como un súbdito. Y es que para los reyes el mundo es muy simple: todos son súbditos. Se trataba de un monarca absoluto, pero razonable. No toleraba la desobediencia, pero por eso sólo daba órdenes razonables. Era un monarca universal: reinaba sobre todo y todo le obedecía. Su autoridad consistía en que sabía exigir a cada uno lo que podía dar. La autoridad, decía, reposa sobre la razón. Tengo derecho a exigir obediencia porque mis órdenes son razonables. El Principito se aburre y ve que ahí no puede hacer nada, por eso continúa su viaje con la idea de que las personas mayores son muy extrañas.

Soy una lectora celosa

Uno de mis recuerdos favoritos de la FIL de Guadalajara es cuando me presentaron a José Emilio Pacheco. Estaba sentando firmando libros. Se puso de pie para saludarme pese que le costaba trabajo. Un caballero. Soy tan admiradora suya que se lo recomendaba a todo aquel que se dejara. Un ex lo descubrió por mí. Y ahí descubrí que soy una lectora muy celosa. Cuando rompimos, me molestaba que lo siguiera citando. Me sentía como una niña que hace un berrinche. Pensaba: “Es MI poeta y me lo quedo para mi”. Sólo me ocurre con mis escritores favoritos. No me gusta prestárselos a cualquiera. Es egoísta, lo sé, pero es así.

Creo que aquí leyó mi última carta a mi mejor amiga…

Creo que aquí leyó mi última carta a mi mejor amiga…

Madrid

Un amigo mexicano, apasionado viajero, especialmente de Europa, me dijo cuando me mudé a Madrid. 

"Mira, Madrid no es la más bonita de las capitales europeas. Pero es como cuando llegas a un bar, ¿sabes?. Está París, que es hermosa, de belleza perfecta, pero que es como una súpermodelo. Demasiado bella, demasiado inasible. Está Roma, que es guapísima, e interesante, y llena de historias. O Londres, que es como la madre de Nueva York. Una señora. Sin embargo, Madrid, y lo verás, es como la chica menos guapa del grupo. Con la que pasas horas hablando, y con la que acabas intercambiando el teléfono. Y que al final es con la que te casas. Eso es Madrid". 

Tenía razón. Ay, Madrid. En México se piensa mucho en ti.