June 2013
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Un amigo mexicano, apasionado viajero, especialmente de Europa, me dijo cuando me mudé a Madrid.
“Mira, Madrid no es la más bonita de las capitales europeas. Pero es como cuando llegas a un bar, ¿sabes?. Está París, que es hermosa, de belleza perfecta, pero que es como una súpermodelo. Demasiado bella, demasiado inasible. Está Roma, que es guapísima, e interesante, y llena de historias. O Londres, que es como la madre de Nueva York. Una señora. Sin embargo, Madrid, y lo verás, es como la chica menos guapa del grupo. Con la que pasas horas hablando, y con la que acabas intercambiando el teléfono. Y que al final es con la que te casas. Eso es Madrid”.
Tenía razón. Ay, Madrid. En México se piensa mucho en ti.
May 2013
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A los periodistas no les gusta que les revisen. Una vez que han escrito algo, cometerán atrocidades, fuera de toda lógica, para defender su trabajo. Serán capaces de defenderlo hasta una rectificación o una fe de errores o incluso hasta sacar el artículo del todo. Y todo lo harán con la misma convicción. Por eso necesitan editores.
Fuente: http://periodisme.tumblr.com/post/49919836249/journalists-dont-like-to-be-accountabilitized
(…y que me ponen de los nervios).
1. “Ahorita”.
2. “Ahorititita”.
3. “Te llamo en cinco”. *Pasan tres días y sigues esperando*
4. “¿Me da para mi chesco?”
5. “No pasa nada. Bueno, lo normal”.
6. “Ahí lo que guste cooperar…”
7. “Son hechos aislados”.
8. “Pasa en todos lados”.
9. “Si les pasa eso, ha de ser por algo”.
10. “Ordeno coadyuvar a la investigación”.
P. D. ¿Qué coj*nes es coadyuvar?
April 2013
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“No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible”
“Alta traición”. José Emilio Pacheco
Siempre fui una mexicana orgullosa en el extranjero. Detestaba cuando mis anfitriones decían que México era un país atrasado. Me indignaba cuando argumentaban que los aztecas eran salvajes. Incluso me peleé con un profesor cuando decía que todo lo civilizado del país lo habían traído los españoles. Él respondió: “Pues vosotros, los mexicanos, sois los más españoles de todos. Porque no hay nada más español que renegar de España”. Tenía razón.
En Madrid me reía de mis compañeros, que todos los días se indignaban cuando leían la sección de Nacional del periódico. Un caso de corrupción por aquí. Un sinvergüenza por acá. El yerno del Rey usa tráfico de influencias. Este otro tiene 32 millones en Suiza. Les decía que lo que a mí me parecía interesante, para ellos era una cruz. Y que lo mismo me ocurría en México.
Tras un mes viviendo en el DF después de haber estado cinco años en el extranjero, doy fe. Me suscribí a Reforma (un periódico que no me acaba de encantar por su estrambótica manera de redactar, pero es otro tema) y ahora todos los días me indigno. La semana pasada leí que un funcionario de Michoacán, mi estado, decía que “no estaba tan mal como parecía”. Sí, el mismo Estado en que mi hermano dice que escucha balazos cuando se está duchando y que no se puede ir a visitar a mi abuela, que vive en un pueblo a 30 kilómetros, más allá de las cinco de la tarde porque es muy peligroso. Y no hagan ni hablar de el exgobernador de Coahuila que está haciendo un máster en Barcelona a su cincuenta años.
Basta vivir aquí un mes para entender que es verdad, en México no todo sigue igual. Está peor. Hay partes en el país en el que es imposible ir por mi trabajo, como Tamaulipas, donde vive un tío y un primo mío. Ni se te ocurra ir a Acapulco si no sabes exactamente a dónde vas. No, no, no, tampoco vayas a Ecatepec, que allá es muy peligroso. Mejor quédate en el DF, donde matan y roban de vez en cuando, pero al menos es delincuencia urbana. No son “ellos”.
Siempre he dicho que México, a diferencia de España (que le encanta ser autocrítica al nivel autodestructivo), tiene el poder de negación de la señora bien casada con un marido arruinado. Se niega a aceptar que está mal. Que tenemos un país donde más de la mitad de los habitantes vive por debajo de la línea de la pobreza. Donde si vas a comprar la leche, te encontrarás a (por lo menos) dos niños pidiendo limosna, a un borracho tirado frente a la tienda y a un grupo de policías aprestado a hacer lo que sea por conseguir un soborno.
Me dicen que “México no es sólo eso”. Yo sé que no es solamente eso. Lo sé por mi abuela, que se partió la espalda por enviar a la universidad a mi padre, y por mi abuelo, que vendió sus propiedades por hacer lo propio con mi madre. Y por lo que ellos hicieron después. Y por montones de mexicanos listos y educados que no son la mayoría de los que protagonizan las noticias. Pero me es imposible decir que todo está bien.
No, no estamos bien.
Y el primer paso para superar un problema es la aceptación.
March 2013
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Ya lo puedo confesar.
La primera vez que entré a Miguel Yuste, 40, me hice una foto en la entrada. Sí. Así de tonta soy. Era 2007, octubre e iba a una entrevista en la Escuela de Periodismo de EL PAÍS. Me aceptaron y me mudé a Madrid en enero de 2008.
El máster merece un texto aparte. Es una experiencia divertida, intensa (muy intensa) y sumamente enriquecedora. Recuerdo el día en que pegaron en un tablón las hojas que decían dónde haríamos nuestras prácticas en el verano. Y recuerdo muy bien ver mi nombre en el grupo que decía “El País. Redacción Madrid”.
Entré a la planta 2 como un ratoncillo temeroso. La redacción era silenciosa (al menos me lo pareció ese primer día) y a mí me avergonzaba hasta contestar el teléfono. Tanta era mi vergüenza que un día de verano, sentada en mi sitio, uno de mis zapatos (una sandalia) salió volando mientras meneaba mi pierna. El zapato fue a parar a los pies de la persona que se sentaba enfrente que no era otro que mi entonces jefe, Borja Hermoso. No me atreví a decir nada. Supliqué en silencio que se levantara a recoger una hoja de la impresora, o que alguien le llamara. Pasaron cinco largos minutos. Y de repente un grito: “¡HOSTIA, PERO SI AQUÍ HAY UN ZAPATO!”. Verónica roja, carcajadas en la sección. Redacción silenciosa no more.
Volví al máster en septiembre y en enero, recibí la llamada de Paula, la querida secretaria de la Escuela. Estaba en México, desayunando en el VIPS que está a unos pasos de la Embajada Española. “Verónica, tienes una beca de un año en la redacción de El País”.
Y desde entonces me he divertido mucho. Lo que en inicio era un año, se convirtió en dos, y luego en tres y luego en cuatro. La redacción que antes me imponía tanto se convirtió, poco a poco, en mi casa. Me siento profundamente orgullosa de haber trabajado al lado tantos periodistas a los que tanto admiro. Los que están aquí y los que ya no están.
Decía Herbert L. Matthews, el legendario reportero que cubrió para el New York Times la Guerra Civil española, que en las Brigadas Internacionales había conocido al “mejor grupo de hombres y mujeres que habría deseado conocer”. Cuando pienso en El País, pienso eso. Aquí, en Madrid, en Sevilla, en Bilbao, en Barcelona, en Valencia, en toda España, en todas sus corresponsalías y por supuesto, en México, hay muchos hombres y mujeres con los que cualquiera desearía (e incluso pagaría) por trabajar y conocer.
Los quiero mucho, tonturrones.
January 2013
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Lo haría otra vez
November 2012
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-«Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza, tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado. Abre los brazos y recibe también tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo; que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede.»
Miguel de Cervantes Saavedra. “El
Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”
Dedicado a mis compañeros de EL PAÍS.
October 2012
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“…el ave canta aunque la rama cruja, como que sabe lo que son sus alas..” mi verso favorito de mi paisano Salvador Díaz Mirón
Ninguna persona es una isla; /
la muerte de cualquiera me afecta, /
porque me encuentro unido /
a toda la humanidad;
por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; /
doblan por ti.
(John Donne)
September 2012
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de los desayunos de alguna familia.” —Una alumna de Periodisme de la Universidad de Navarra, avui. (via periodisme)
Si yo fuera libro sería pequeñito. Sería un libro de esos monines que se regalan en los cumpleaños. Con dibujitos. Que no sirven para leer sino para ser contemplados. La verdad es que yo soy muy difícil de leer. Por ende, mi yo-libro.
Si yo fuera libro tendría tapas blandas. Me habría gustado ser de tapa dura, pero los libros de tapa dura nunca terminan acompañando a nadie y sí se quedan abandonados y acumulando polvo en un estante sin que nadie los mire. Prefiero ser un libro pequeñito que viaje mucho, aunque me ensucie.
Si yo fuera libro tendría pocas hojas. La figura es muy importante. Más que no quiero que la gente diga que me ha leído cuando no tienen ni idea de qué es lo que soy. Me gustaría ser un librito chiquito, de esos que se leen en una sentada.
Si yo fuera libro tendría amiguitos. Quisiera estar en una librería llena de libros raros como yo. Veríamos feo a los Best-Sellers, y nos haríamos a un lado cuando llegara el mastodonte de promoción de la última novela de vampiros-adolescentes-gays o qué se yo. El día que mis amiguitos libros y yo conociéramos a los e-books sería como en Blade runner. Igualito, pero en libro.
Si yo fuera libro, cuando fuera viejito me gustaría acabar en una biblioteca familiar, acumulando polvo y con olor a papel seco. Respondiendo con un crujido cuando alguien más joven curioseara sobre mí. Ahora, tampoco me importaría, si fuera libro, acabar en una librería de viejo, el asilo para los libros. Quizá me encontraría con viejos amigos y juntos nos quejaríamos con amargura del pinche e-book y el internet, que nos han dejado sin amiguitos y ahora somos los últimos, los que nos quedamos. Los libros y mi yo-libro.
August 2012
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(Escrito el 20 de julio de 2009)
El 40 aniversario de la llegada del hombre a la luna transcurrió entre incredulidad, desinterés y anuncios de Louis Vuitton. En mi caso sirvió para recordar una de mis obsesiones más añejas: el espacio.
De niña, el asunto estelar me resultaba de lo más interesante. En los anuarios que solía comprar mi abuelo, me enteré de que Venus rota al revés y que su día dura más que su año; que Júpiter es gaseoso y que le llaman la “estrella fallida”; y que la vida en Marte no es tan marciana, valga la redundancia: la temperatura en su ecuador es algo así como -11 grados (no sean muy exigentes conmigo, lo recuerdo a bote pronto) y es un poco más pequeño que la Tierra. De niña frecuentaba el planetario de Morelia (sí, hay un planetario en Morelia) y me traumé cuando explotó el Challenger (la pobre profe McAuliffe).
Y claro, estaba la luna. Ahora que recuerdo, es curioso que no me había cuestionado el asunto del Apollo 11 sino hasta mucho tiempo después. Lo asumía como un axioma. No fue sino hasta hace un par de años que, en una charla con un colega, dudé por primera vez que tal cosa no había ocurrido. No me culpen, mi ingenuidad no conoce límites. El año pasado me enteré que Laika, la perrita cosmonauta, no había tenido el feliz destino que había imaginado para ella. Pensaba que había vuelto a la Tierra, se había casado con el equivalente canino de Yuri Gagarin y se había convertido en la feliz mamá de muchos cachorritos espaciales. No fue así. La pobre fue abandonada a su suerte en la nave en que había viajado, donde se murió del susto.
En cuanto al asunto lunar, tras pensármelo un tiempo, elegí creer. Entiendo que hay más de un argumento en contra. Y muchos otros igualmente debatibles. Por ejemplo, la tontería de dinero que los gringos se gastaron en el chistecito: unos 4.000 biillones de dólares actuales, según The New York Times. A veces me pregunto qué hubiera ocurrido si los rusos hubieran sido los primeros en llegar. Algo es seguro: los gringos se habrían gastado los mismos 4.000 billones en desacreditar la hipotética proeza soviética.
El tema viene a cuento porque, en esta semana, no pude evitar recordar todo esto. Recordé que yo soy de las que todavía me lo creo. Mientras leía el enésimo artículo conmemorativo del alunizaje, concluí que la llegada del hombre a la luna pertenece a las ideas que guardo con mayor recelo. Como que los buenos sí ganan, que el amor existe y que mis muertos están en un sitio fantástico al que yo iré algún día. No son ideas que deseen ser impuestas y tampoco buscan ser rebatidas.
Tengo muchas convicciones que puedo probar. Y tengo otras, como éstas, que elijo creer.
PD- Leí en The Guardian que los nuevos programas espaciales buscarían voluntarios a explorar el espacio… pero sin viaje de vuelta. Conozco a más de uno que fantasearía con la idea de viajar y mandar a su mundo, literalmente, a la fregada.
Photo of the day: The boundary between two different storms - pic.twitter.com/Ze5TsDIH
Tormentas.
July 2012
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Tormentas.
Sobre la crisis europea, un artículo de Slate sobre algunas verdades de los involucrados. Interesante.
Grecia
“No queda claro que los griegos realmente comprendan su situación. Casi un tercio de su electorado votó por un partido que promete, una vez más, crear más de 100.000 empleos del Estado sin explicar cómo lo hará un Gobierno al borde de la suspensión de pagos. El nacionalismo griego arremete contra los autoritarios alemanes que quieren que Grecia recorte su presupuesto para mantenerse en la eurozona es otro síntoma de su alejamiento de la realidad. Cualquier que preste a Grecia, sea Alemania o sea Ghana, no dará su dinero sin pedir garantías a cambio”.
[…]
España
Los políticos españoles han jugado en el pasado el juego de “échale la culpa a otro”. El ex primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero tenía una inmensa afición por las teorías conspirativas sobre el manejo de los mercados financieros. Pese a que su sucesor, el conservador Mariano Rajoy, fue elegido con una aplastante mayoría que le permite hacer reformas profundas, no está claro si realmente tiene el apoyo popular para ejecutarlas. Las manifestaciones de funcionarios que se han convocado en Madrid han terminado con disturbios.
[…]
Alemania
Los países en problemas de la eurozona han recibido mucha ayuda y muy probablemente necesitarán aún más. Pero antes de ello, los políticos alemanes deben de ser sinceros con su electorado: Ningún país europeo ha sacado más dinero del euro que Alemania; ninguno ha sacado más provecho de la crisis actual y ninguno tiene más deuda extranjera en sus bancos que Alemania. Los alemanes no están “rescatando” a sus vecinos por ser magnánimos, como muchos creen, sino por su propio beneficio. Pero, ¿esto lo sabe el electorado alemán?
http://www.slate.com/articles/news_and_politics/foreigners/2012/07/europe_s_economic_crisis_is_a_product_of_decades_of_populist_policies_.html
El siguiente es un extracto del libro “A world in revolution”, del periodista Herbert L. Matthews (1900-1977), reportero y editorialista de The New York Times. Fue corresponsal para ese diario desde el frente republicano durante la Guerra Civil española. Escribió este artículo el día que terminó la guerra. La traducción es mía, así que ustedes disculparán.
Las Brigadas Internacionales fueron un fenómeno único en el mundo moderno. Los voluntarios dejaron un precioso recuerdo en quienes les conocimos y les vimos pelear, caer heridos y morir, a tantos de ellos. No hubo un caso similar en el bando rebelde, con la excepción de un pequeño batallón formado por irlandeses católicos. Hasta donde se sabe, no hay prueba de que un solo estadounidense haya peleado en el bando de Franco. Escribí alguna vez que las Brigadas Internacionales estaban formadas por “el mejor grupo de hombres que nunca habría soñado conocer”. Eran eso.
[…]
Hice lo que pude, durante y después de la Guerra, para transmitir todo lo que significaba para mí y los sentimientos que despertó a su alrededor. Cuando se acercaba el final [de la contienda], el padre de uno de los voluntarios estadounidenses, John Cookson, envió a su hijo, un joven soldado estadounidense en el frente republicano, una carta.
“Mi salud es débil, mi corazón se rinde. Si no me encuentras a tu regreso, siempre recuerda que estoy contento de que hayas ido. ‘Es mejor que un hombre muera joven, si su muerte sirvió a un ideal, a que pase una vida entera sin tener uno’”.
Cookson murió en la Batalla del Ebro, antes de que leyera esa carta.
[…]
El día que terminó la guerra tenía el corazón roto, pero aun así, a mi propia manera, hallé un consuelo. ‘Los países no viven sólo de victorias, sino de los ejemplos que da su pueblo en la tragedia’, me dijo alguna vez el presidente Juan Negrín. El pueblo español había dado un glorioso ejemplo. Esa noche en Perpiñán, exhausto como estaba, sabía que la pelea (nuestra pelea) no había sido en vano.
¿Y qué de mi reputación profesional? Los ideales sobre los que había puesto mi confianza habían sido aniquilados por una repentina serie de eventos. Las historias que había contado, historias de valentía, tenacidad, disciplina y honradez, de optimismo fundado en el coraje y en muy altos ideales, fueron despreciadas por muchos. Los artículos en los que había señalado la indiferencia del Gobierno francés y el cinismo del Gobierno británico [con respecto a la guerra], habían sido atacados y criticados.
Yo también, como los españoles, me sentía herido y descorazonado, como cualquiera se hubiera sentido tras pasar semanas con un peligro acechante, cansado al final de una guerra en la que había vivido dos años. Estaba exhausto. Física, mental y moralmente. ¿De qué había servido? Cuando volviera a mi esposa y a mis hijos en Nueva York, sería un extraño para mi familia y un fracaso para mi periódico.
¡Pero las enseñanzas que obtuve! Son las que tienen más valor. Incluso entonces, cansado y derrotado, algo cantó dentro de mí. Yo, como los españoles, había peleado mi guerra y había perdido, pero nada me podía convencer de que había hecho mal en venir aquí.
“Abre los brazos”, gritó Sancho Panza, “y recibe también a tu hijo don Quijote, que si bien viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo; y, según él me ha dicho, es la mayor victoria que desearse puede”.
Las Brigadas Internacionales estaban formadas por más de 35.000 voluntarios de más de 50 países del mundo. Lucharon junto a la República durante la Guerra Civil española (1936-1939). El texto original está en inglés. Hice lo que pude para colgar una versión decente en español. Es un pecado colgar una cita de Cervantes en un idioma que no sea el español.
- Es absolutamente normal y aceptable comer pan con chorritos de aceite de oliva.
- La obsesión con la comida: te puedes tirar horas (hablo de ho-ras) enumerando las cualidades de una buena carne o pescado. Aplica también para tomate “del bueno”, o naranjas “de las buenas”, y así.
- Ahora: reconozco. Los tomatitos de Catalunya no se parecen a ningún otro jitomate que haya comido nunca jamás. Son pequeños y jugositos. Un delicatesen, vamos.
- Si un español viera lo que al común de mexicanos nos venden como jamón serrano se echaría a llorar. No se puede hablar de jamón hasta que no se ha probado “jamón del bueno”. #EsAsí
- El gazpacho y el salmorejo. Podría pasar el año entero comiendo gazpacho y salmorejo.
- Café con hielo. It’s a thing.
- Llevo seis puntos hablando de comida. Ya me españolicé. (Ver punto 2).
- Sobre el ruido en España (sí, TODA España, queridos míos): Yo soy una chica que habla alto. Tengo una risa muy alta, y hablo alto. En México era común que mis amigos y/o novios me pidieran que bajara el volumen en una comida o cena. ¿Saben cuántas veces eso me ha pasado en España? Ni U-NA. #EncontréMiSitioenElMundo
- Más sobre el ruido. Mi madre pensaba que mis jefes estaban enojados siempre que me llamaba por los gritos. Le llevó dos años acostumbrarse a que no es que estén enojados: es que son así.
- Nueva York es la ciudad que nunca duerme. Madrid es la ciudad que duerme hasta las tres de la tarde los fines de semana (se va a la cama a las seis de la mañana o así).
- España es el único país del mundo en el que “él empezó” y “tú más” son las piedras fundacionales de su debate político. En serio. Nos podemos remontar a la expulsión de los árabes.
- En verano, corren hacia el agua como tortuguitas. Un verano sin bañarse al menos una vez es simplemente in-con-ce-bi-ble. A una mexicana de Sierra, que había pasado años sin ver Acapulco, llama la atención.
- Sus Simpson dicen “mosquis”. No tengo idea ni de equivalente de qué. Pero lo dicen.
No ha de ser normal que para mí, una extranjera, cada vez que leo una historia de Miguel Ángel Blanco me eche a llorar. Es raro.
Chavela
Tras unas semanas de viaje en coche por Francia, mis padres, sus amigos y yo llegamos por fin a Perpiñán. Puse en la tele TV3 para ver las noticias. Mi padre, imperturbable, sentenció: “Oye, como que ya le estoy entendiendo al francés”. True Story.
Si esto recibe la catedral de Santiago, no me quiero imaginar lo que recibe la Villa de Guadalupe (el santuario católico más visitado del mundo, tras San Pedro).
A este hombre le hicieron algo los navarros. Fi-jo.
Don Benjamín coleccionaba historias. Solía llevar sombrero y guayabera, como buen veracruzano. Él había nacido allá por 1909, un suspiro antes de la Revolución Mexicana. Su familia, porfirista, era de las más respetadas de la Huasteca. La lucha armada no les hizo justicia, y lo único que no les quitó la guerra fue el supuesto abolengo.
Al cumplir 20 años, se hizo vasconcelista. Hizo campaña por don José, pero la democracia era rehén de unos soldados. Era 1929. El año en que nació el PRI.
Don Benjamín nunca hablaba de esos días en primera persona. Siempre a través de terceros. Saltaban nombres, fechas, anécdotas. Siempre “nosotros” o “ellos”. Nunca “yo”. Relataba que entonces fue que comenzó a apasionarse por los hechos. No sólo los que ocurrían en México, sino en lo que pasaba en todos lados. Igual hablaba del día en que por una radio de transistores se enteró que un tal Hitler había asumido el poder en Alemania. O el periódico que leyó el día en que al mismo personaje se le ocurrió invadir Polonia. Hablaba de un joven alemán que había conocido en Tampico, que había perdido la oportunidad de regresar a su país por estar en un barco con la bandera errónea en aguas enemigas. (Hacía unos días que México había declarado la guerra al Tercer Reich. “Y Hitler tembló”, apuntaba con sarcasmo).
Decía que los periódicos hablaban de unos campos a los que se llevaban a los judíos, pero que la mayoría rechazaba aquellos rumores “exagerados” que hablaban de un exterminio sistemático. Por las noches era posible escuchar a las estaciones de radio de EE UU, contaba. Así fue como se enteró de que un día a los japoneses se les ocurrió atacar Hawai. Recordaba que los periódicos decían, por allá de 1942, que Stalingrado caería en cualquier momento. Hablaba con pasión de cada una de las batallas del Pacífico y su relato favorito era el de un 6 de junio, el día en que los aliados invadieron Europa. “Tres millones de soldados, la operación militar más grande que se ha visto jamás”. Devoraba periódicos y escuchaba la radio. Cuando conocía a alguien, le preguntaba por lo que pensaba al respecto. “Y no te creas que todos apoyaban a los aliados. Acá [en México] había más de uno a quien Hitler no le parecía mal. Seguramente ni sabían de qué iba”, recordaba.
Para cuando terminó la guerra, él ya se había casado. Pero el hábito se había mantenido. Él mantuvo el vicio de leer, escuchar, preguntar y aprender. Así relataba todos y cada uno de los grandes acontecimientos históricos de su tiempo. Los mexicanos y los extranjeros. Siempre hacía por conocer a un español que le contara de cómo había sido la huida que le había llevado a México o al inglés que le daba una airada opinión sobre Winston Churchill.
Siempre tenía dos periódicos en la mesa, no se perdía su programa de radio. Para cuando llegó la tele, elegía el noticiero que conducía Lolita Ayala. Le gustaba aquello de que las mujeres comenzaran a trabajar en igualdad que los hombres. Así se enteró del día en que Fidel Castro se convirtió en el mandamás de Cuba. Siguió día a día aquellos días de octubre de 1962 que mantuvieron al mundo en hilo y apostó a que la temida guerra no comenzaría. “Si hay una tercera guerra, será contra los chinos”, sentenció en aquellos días. Compró todos los periódicos que pudo el día en que mataron al presidente de Estados Unidos en Texas. Hablaba de aquel 68, en el que uno de sus hijos se unió a los manifestantes en contra del régimen. Y de cómo una casualidad le salvó de estar presente en la plaza de Tlatelolco aquel 2 de octubre. Vivió la primera crisis en México. Y la segunda. Y la tercera. De todos aquellos acontecimientos, guardaba los recortes del periódico. Tenía un viejo álbum en el que los pegaba con cuidado, ordenados por el nombre del diario y la fecha de su publicación, datos que apuntaba con su puño y letra.
Siempre hablaba de política, de noticias, de acontecimientos. Cuando viajaba, estudiaba obsesivamente cada uno de los datos del sitio. Al punto en que acababa conociendo más del lugar que sus anfitriones.
Un día se encontró con que era abuelo, y entonces halló un nuevo pasatiempo. Hablar de todo aquello. Ahora tenía una pequeña audiencia que escuchaba, interesada, todo lo importante que había ocurrido en el mundo. Los niños no sabían mucho de Blancanieves o Cenicienta pero sí de Reagan, Thatcher o Khomeini. De aquel singular grupo, disfrutaba con las preguntas de una de las niñas más pequeñas. “Tú eres la más mimada”, le decían los demás.
Sus hijos se repartieron por México y sus nietos, por el mundo. En cada una de las mudanzas, enviaba una carta en la que informaba al recién partido sobre todos los datos importantes sobre su nuevo lugar de residencia, sus costumbres, su historia, su cultura. Así iniciaba un intercambio misivo al que nunca falló, al igual que tuvo el cuidado de cada año, recordar todos sus cumpleaños. Aún cuando él ya rozaba la noventena.
No era un hombre que hablara demasiado sobre sus principios. Siempre eligió actuarlos. El mayor de ellos, la tolerancia. “Nunca sabes por lo que ha pasado una persona. Todos merecen el mismo respeto”.
Cuando sabía que se acercaba al final de su vida, se despidió de cada uno de ellos. A todos envió una carta de despedida, en la que no asomaba la menor amargura. Era un hombre que había vivido cosas duras, pero nunca hablaba de ellas. Por eso aquí tampoco se mencionan.
La muerte le encontró en uno de los últimos veranos del siglo XX. Mantuvo la lucidez hasta el final. En aquellos últimos días quiso ver a aquella nieta. “Siempre hay que escuchar a las personas. Todos tienen ideales y nadie tiene la razón absoluta”. Ella entonces estudiaba el primer año de periodismo.
Mi abuelo nunca supo de mis peripecias por este curioso mundo. A veces, cuando estoy triste, me anima pensar lo que diría si pudiera verme ahora, que han pasado diez años. Hoy me llamo AGENCIAS y estoy en la página 41*. Sé que habría recortado aquel pedacito que en realidad no relata nada demasiado importante. Y que habría disfrutado al apuntar, además de los datos ya mencionados, “Verónica”.
*Escrito el 9 de julio de 2008.
Han sido seis años muy largos.
Desde que Felipe Calderón asumió la presidencia de la república en esa extraña ceremonia improvisada tras un partido América-Chivas (el clásico de clásicos de México), mi país ha atravesado la etapa más violenta de su historia moderna (más de 50.000 muertos, y contando) en lo que comenzó siendo una guerra (todavía recuerdo la foto de Calderón asumiendo su papel como comandante de las Fuerzas Armadas antes de mandar los primeros tanques a Michoacán) y acabó siendo una “ofensiva contra el narco” donde la gente que muere apenas y tiene nombre. Ya ni hablar de que tenga justicia.
Han sido seis años muy largos.
Mi estado, Michoacán, ha estado envuelto en esta guerra-no guerra con niveles de corrupción sin precedentes (lo que ya es un decir cuando se habla de México). El Gobierno perredista de Leonel Godoy no sólo dejó vacías las arcas del Estado, sino que jugó un papel en el mejor de los casos de connivencia, en el peor de colaboración, con el cartel de narcotráfico que opera en mi Estado.
Han sido seis años muy largos.
Enrique Peña Nieto, el virtual ganador de la contienda electoral de 2012, comenzó su campaña antes de 2006. El famoso grito de “Enrique bombón, te quiero en mi colchón” comenzó antes de que se transmitiera la infame telenovela de su mujer, Angélica Rivera alias La Gaviota, y culminó en un proceso en el que su cuidada imagen (columna de opinión en el Financial Times incluida, medio al que además concedió su primera entrevista) consiguió una victoria aliñada por la sospecha. De poco sirve la sospecha cuando ya publicó este martes otra columna en el NYT explicando lo que hará en los próximos seis años (sí, AMLO habla como si ya se conocieran los resultados oficiales, y EPN también). Que el candidato no consiguiera mencionar tres libros en la Feria Internacional del Libro (y tampoco en una entrevista con el New York Times meses después) apenas y sobrepasó la anécdota. Tampoco importó su rampante machismo, desde los hijos que ha tenido fuera del matrimonio hasta el infame comentario de que no conocía los precios del kilo de tortilla o de carne porque no era “la señora de la casa”.
Han sido seis años muy largos.
Porque Andrés Manuel López Obrador, el candidato de la izquierda que protagonizó el proceso electoral de 2006 discutido hasta el cansancio, se negó a entregar la estafeta al popular alcalde del DF, Marcelo Ebrard, cuya administración consiguió para el PRD la victoria más aplastante desde que la Jefatura del Gobierno del Distrito Federal es elegida con voto popular. El que ha sido elegido es Mancera, pero el ganador es Ebrard. Qué diferente habría sido la elección si el candidato hubiera sido él y no AMLO, que independientemente de su proceder (no critico a quienes le apoyan hasta la muerte, aunque sé que los que lo apoyan hasta la muerte muy probablemente me criticarán y/o insultarán a mí), no iba a conseguir convencer a quienes desde 2006 lo habían etiquetado de anti-democrático y “peligro para México”. Una campaña abrumadora y efectiva, como bien ha contado The Guardian. NO digo que esto no sea verdad (porque ustedes, tanto priistas como perredistas, saben muy bien que es verdad), pero fue imposible convencer a muchos de mis conocidos (que son muchos y no, la mayoría no tiene Twitter y no, la mayoría no viven en el DF. Porque sabemos que un montón de mexicanos no viven en el DF, ¿verdad?) votaron a Peña Nieto bajo estos tristes argumentos. No, y tampoco les insulto. Queremos construir una democracia y una democracia necesita gente que sepa respetar a quien no piensa como yo. A un Estado en el que todos piensan lo mismo se le llama dictadura, por si no nos hemos enterado.
Han sido seis años muy largos.
¿Por qué no pudimos ver que era mucho más grave el escenario que tenemos ahora? ¿Por qué no hacer un debate maduro, como éste que mantuvieron Enrique Krauze y el propio Ebrard en un tono de respeto inédito para mi país?
Yo, como muchos mexicanos, estoy abrumada por lo que han sido días (o semanas, o meses, o años) llenos de desesperanza e impotencia. Me emocioné cuando irrumpió el movimiento #Yosoy132 porque también esperaba que al menos abrieran un debate. Una meta conseguida a su manera, por haber logrado que el segundo debate se transmitiera en cadena nacional y la participación de los candidatos en un inaudito cara a cara (al que, por supuesto, no asistió Peña Nieto) a través de YouTube y las redes sociales. Y, sobre todo, porque sé que no abandonarán ahora el barco y seguirán exigiendo que México avance hacia una democracia madura. Ahora más que nunca.
Han sido seis años muy largos.
Y lo peor es lo que nos espera. López Obrador tiene el derecho de agotar las instancias legales que él crea pertinente (porque nadie negará que la competencia, en efecto, ha sido inequitativa), aunque yo soy de las que defiende el IFE y el trabajo de cientos de miles de mexicanos que regalaron su domingo para participar en esta elección (que dicho sea de paso, tuvo la mayor participación en la historia del país). Pero mientras debatimos sobre el algoritmo del IFE, Peña Nieto ya está presentando “su proyecto” en medios extranjeros, intercambiando mensajes con líderes extranjeros y desplegando una táctica que suena inquietantemente parecida a la bestia negra de la política mexicana reciente: Carlos Salinas de Gortari.
Reforma tituló este triste 2 de julio: “¡Regresan!”. Sí, han vuelto. Quizá nunca se fueron. Ojalá sepamos jugar las cartas que aún tenemos (a mí me parece interesante que no hayan conseguido la mayoría en el Congreso, por ejemplo) y luchemos estos seis años. Una colega periodista que actualmente vive en Madrid me dijo que tenía más ganas de volver que nunca porque “el país lo necesitaba”. Sí, el país que tiene el mayor número de periodistas asesinados en el mundo (junto con Siria. Sí, fucking SI-RIA), con un sobrecogedor número de pobres (52 millones, más que españoles en España), y harto de promesas incumplidas, trampas, mentiras, necesita un cambio. Que el país hispanohablante más grande del mundo tiene mucho que decir. El que hizo hablar español a los gringos. Ahora tenemos que ocuparnos de la pregunta principal: ¿Cómo?

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
no temas a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no lo llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante tí.
Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.
Constantino Kavafis
June 2012
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De ahora en adelante, sólo espero personas que han escrito un CV para conseguir un trabajo. (Con esto ya eliminé half of my coworkers). :P
(Y ya no sean chismosos. Y saluden).
Esta semana fue día del padre en México. Mi familia se reunió en la casa de mi abuela, que enviudó hace unos días. Llevaba casada con mi abuelo 61 años. Le dijo a mi mamá: “Y yo todavía quería más”.
April 2012
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Mañana de viernes 20 de abril de 2012. Redacción de Público.
Maruja Torres: No me han pagado todavía en EL PAÍS. Sin vergüenzas..
X: No eres la única Maruja… Me consta
Maruja Torres: Lo peor es que hay gente sin cobrar que lo necesita más
X: Ayer cené con una periodista de EL PAÍS y al terminar me pidió dos euros para comprar leche…
Maruja Torres: Es el fin de esta profesión [musita mientras entra en la redacción y vé todos los escritorios vacíos en Público].
March 2012
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“He that breaks a thing to find out what it is has left the path of wisdom.
Even the most subtle spiders may leave a weak thread.
Many that live deserve death. And some that die deserve life. Can you give it to them? Then do not be too eager to deal out death in judgement. For even the very wise cannot see all ends.
It is wisdom to recognize necessity, when all other courses have been weighed, though as folly it may appear to those who cling to false hope. Well, let folly be our cloak, a veil before the eyes of the Enemy! For he is very wise, and weighs all things to a nicety in the scales of this malice. But the only measure that he knows is desire, desire for power; and so he judges all hearts. Into his heart the thought will not enter that any will refuse it.
Only a small part is played in great deeds by any hero.
A treacherous weapon is ever a danger to the hand.
It is wisdom to recognize necessity, when all other courses have been weighed, though as folly it may appear to those who cling to false hope.
The wise speak only of what they know
To crooked eyes truth may wear a wry face.
The treacherous are ever distrustful
He cannot be both tyrant and counsellor.
Often does hatred hurt itself! ga Perilous to us all are the devices of an art deeper than we possess ourselves.
The burned hand teaches best. After that advice about fire goes to the heart. Generous deed should not be checked by cold counsel.
A traitor may betray himself and do good that he does not intend.
It is not our part to master all the tides of the world, but to do what is in us for the succour of those years wherein we are set, uprooting the evil in the fields that we know, so that those who live after may have clean earth to till. What weather they shall have is not ours to rule.
All we have to decide is what to do with the time that is given us.
I will not say: do not weep; for not all tears are an evil”
Tolkien, J.R.R., The return of the king.