Por qué me quedé sin Navidad
A mí me gustaba diciembre. Me encantaban los adornos, las luces, las cenas, los abrazos.
Pero yo tenía un hermano enfermo. Todos sabíamos que moriría pero la muerte cuando la ves de cerca, no la aceptas. La negación alcanza niveles inimaginables.
La Nochebuena la pasábamos en casa de mi abuela. El camino marcaba que fuéramos sobre el panteón de Morelia. Siempre había luces encendidas. Pensaba: “Pobres. En Navidad y en un funeral. Tan triste”.
Mi hermano murió un 22 de diciembre. Su funeral fue el 23. Las cotas de dolor son tan profundas que he dicho a muchos amigos: “Habría sido lo mismo si hubiera muerto en julio”. Y es así.
Cada 22 de diciembre es más duro que el anterior. El tiempo no hace sino hacer más honda la herida. La muerte nos pertenece a los vivos, no a los que se van. Es de los que recordamos.