Seis años muy largos
Han sido seis años muy largos.
Desde que Felipe Calderón asumió la presidencia de la república en esa extraña ceremonia improvisada tras un partido América-Chivas (el clásico de clásicos de México), mi país ha atravesado la etapa más violenta de su historia moderna (más de 50.000 muertos, y contando) en lo que comenzó siendo una guerra (todavía recuerdo la foto de Calderón asumiendo su papel como comandante de las Fuerzas Armadas antes de mandar los primeros tanques a Michoacán) y acabó siendo una “ofensiva contra el narco” donde la gente que muere apenas y tiene nombre. Ya ni hablar de que tenga justicia.
Han sido seis años muy largos.
Mi estado, Michoacán, ha estado envuelto en esta guerra-no guerra con niveles de corrupción sin precedentes (lo que ya es un decir cuando se habla de México). El Gobierno perredista de Leonel Godoy no sólo dejó vacías las arcas del Estado, sino que jugó un papel en el mejor de los casos de connivencia, en el peor de colaboración, con el cartel de narcotráfico que opera en mi Estado.
Han sido seis años muy largos.
Enrique Peña Nieto, el virtual ganador de la contienda electoral de 2012, comenzó su campaña antes de 2006. El famoso grito de “Enrique bombón, te quiero en mi colchón” comenzó antes de que se transmitiera la infame telenovela de su mujer, Angélica Rivera alias La Gaviota, y culminó en un proceso en el que su cuidada imagen (columna de opinión en el Financial Times incluida, medio al que además concedió su primera entrevista) consiguió una victoria aliñada por la sospecha. De poco sirve la sospecha cuando ya publicó este martes otra columna en el NYT explicando lo que hará en los próximos seis años (sí, AMLO habla como si ya se conocieran los resultados oficiales, y EPN también). Que el candidato no consiguiera mencionar tres libros en la Feria Internacional del Libro (y tampoco en una entrevista con el New York Times meses después) apenas y sobrepasó la anécdota. Tampoco importó su rampante machismo, desde los hijos que ha tenido fuera del matrimonio hasta el infame comentario de que no conocía los precios del kilo de tortilla o de carne porque no era “la señora de la casa”.
Han sido seis años muy largos.
Porque Andrés Manuel López Obrador, el candidato de la izquierda que protagonizó el proceso electoral de 2006 discutido hasta el cansancio, se negó a entregar la estafeta al popular alcalde del DF, Marcelo Ebrard, cuya administración consiguió para el PRD la victoria más aplastante desde que la Jefatura del Gobierno del Distrito Federal es elegida con voto popular. El que ha sido elegido es Mancera, pero el ganador es Ebrard. Qué diferente habría sido la elección si el candidato hubiera sido él y no AMLO, que independientemente de su proceder (no critico a quienes le apoyan hasta la muerte, aunque sé que los que lo apoyan hasta la muerte muy probablemente me criticarán y/o insultarán a mí), no iba a conseguir convencer a quienes desde 2006 lo habían etiquetado de anti-democrático y “peligro para México”. Una campaña abrumadora y efectiva, como bien ha contado The Guardian. NO digo que esto no sea verdad (porque ustedes, tanto priistas como perredistas, saben muy bien que es verdad), pero fue imposible convencer a muchos de mis conocidos (que son muchos y no, la mayoría no tiene Twitter y no, la mayoría no viven en el DF. Porque sabemos que un montón de mexicanos no viven en el DF, ¿verdad?) votaron a Peña Nieto bajo estos tristes argumentos. No, y tampoco les insulto. Queremos construir una democracia y una democracia necesita gente que sepa respetar a quien no piensa como yo. A un Estado en el que todos piensan lo mismo se le llama dictadura, por si no nos hemos enterado.
Han sido seis años muy largos.
¿Por qué no pudimos ver que era mucho más grave el escenario que tenemos ahora? ¿Por qué no hacer un debate maduro, como éste que mantuvieron Enrique Krauze y el propio Ebrard en un tono de respeto inédito para mi país?
Yo, como muchos mexicanos, estoy abrumada por lo que han sido días (o semanas, o meses, o años) llenos de desesperanza e impotencia. Me emocioné cuando irrumpió el movimiento #Yosoy132 porque también esperaba que al menos abrieran un debate. Una meta conseguida a su manera, por haber logrado que el segundo debate se transmitiera en cadena nacional y la participación de los candidatos en un inaudito cara a cara (al que, por supuesto, no asistió Peña Nieto) a través de YouTube y las redes sociales. Y, sobre todo, porque sé que no abandonarán ahora el barco y seguirán exigiendo que México avance hacia una democracia madura. Ahora más que nunca.
Han sido seis años muy largos.
Y lo peor es lo que nos espera. López Obrador tiene el derecho de agotar las instancias legales que él crea pertinente (porque nadie negará que la competencia, en efecto, ha sido inequitativa), aunque yo soy de las que defiende el IFE y el trabajo de cientos de miles de mexicanos que regalaron su domingo para participar en esta elección (que dicho sea de paso, tuvo la mayor participación en la historia del país). Pero mientras debatimos sobre el algoritmo del IFE, Peña Nieto ya está presentando “su proyecto” en medios extranjeros, intercambiando mensajes con líderes extranjeros y desplegando una táctica que suena inquietantemente parecida a la bestia negra de la política mexicana reciente: Carlos Salinas de Gortari.
Reforma tituló este triste 2 de julio: “¡Regresan!”. Sí, han vuelto. Quizá nunca se fueron. Ojalá sepamos jugar las cartas que aún tenemos (a mí me parece interesante que no hayan conseguido la mayoría en el Congreso, por ejemplo) y luchemos estos seis años. Una colega periodista que actualmente vive en Madrid me dijo que tenía más ganas de volver que nunca porque “el país lo necesitaba”. Sí, el país que tiene el mayor número de periodistas asesinados en el mundo (junto con Siria. Sí, fucking SI-RIA), con un sobrecogedor número de pobres (52 millones, más que españoles en España), y harto de promesas incumplidas, trampas, mentiras, necesita un cambio. Que el país hispanohablante más grande del mundo tiene mucho que decir. El que hizo hablar español a los gringos. Ahora tenemos que ocuparnos de la pregunta principal: ¿Cómo?
